El se acercó por la espalda, y sentí todo su cuerpo apoyándose sobre mí. Acaricié su brazo fuerte. Lo sentí. Y allí, su corbata salió de su cuello, y cubrió mis ojos. Sentí la tela cegándome.
Y allí, mágicamente, él se convirtió en vos. Fuiste vos otra vez, que me ayudabas a ponerme sobre la cama. Me desnudabas, me besabas. Vos, que recorrías con tu lengua mi cuello, que con las yemas de tus dedos rozabas mis pechos.
Eras vos. Y no quería que dejaras de ser vos. Por eso, en cuanto sentí que él se arrodillaba, colocaba las manos en mis gluteos, y se disponía a penetrarme, instintivamente grité ciegamente "NO!... primero quiero que me la chupes".
Y ahí sí... volviste a ser vos, que me soltaste y te hundiste en mi pubis. Con toda la boca, con toda la cara, con toda la lengua, dándome lo que buscaba, como si intentaras secarme.
Cosa, que nunca iba a ocurrir, mientras vos siguieras estando en mi cabeza.
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2 comentarios:
Hmmmm... Si lo que buscan es calentar sin duda lo lograron conmigo.
Su juego de seducción mutuo es como para partirte la cabeza.
Besos.
agustin:
¿nosotras calentar? Je... nosotras nos calentamos mutuamente.
Y usted, si quiere... puede mirar.
¿quiere?
besos
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