Sabía que ibas a atormentarme, no esperaba menos. Desde que me dejaste así, atada e indefensa, circularon por mi cabeza miles de imágenes de todo tipo: sentí temor, ternura, pasión, pero por sobre todo un calor intenso viniendo de abajo y un "galope" del corazón cuando te imaginaba pensándome, preparando el terreno. Y rebobiné y te reviví arrancándome la ropa desesperada, besándome intensamente y yo riéndome y provocándote, negándome a quedarme quieta y vos obligándome. Apenas me moví en todo ese tiempo pensándote. Estaba agotada, pero moría por escucharte llegar. El sonido de los pasos deteniéndose en la puerta parecieron jugar con mi percepción y mi corazón que había empezado nuevamente a galopar casi se paró en seco cuando el ruido cesó. Pero retomó con furia cuando escuchó la llave en la cerradura, tu voz, tu perfume.
Te acercaste, me rozaste, me derretiste con un beso sobre los labios, te alejaste y aunque te busqué no pude dar con vos. Cómo me hacés desearte.
Te escuché decir traje vodka y entendí que ahí mismo pretendías derramarlo, que te importaba el vodka pero sobre mi piel, que te encantaba beberme de a sorbitos, lamerme en los huequitos, me empujaste hacia atrás, me diste de beber, casi lo escupo de tan fuerte, qué guacha sos, me hiciste saltar algunas lágrimas... pero adoraba el vodka, vos sabés...
A medida que me hablabas tan sensualmente y me seguías derramando el vodka por todo el cuerpo, desde mi boca, lamiendo y buscando, yo desesperaba.
Jugabas conmigo, girabas alrededor de la mesa, y yo, entre el vodka y tus vueltas, empezaba a marearme.
Y sacaste una a una algunas frutillas y fuiste probándomelas, sin que yo supiera qué eran hasta que me diste a probar una, hasta que te comiste la mitad y me diste el resto.
Moría por un beso, por sentir tu cuerpo. Vos te ibas. Sólo te acercabas lo suficiente para que yo quisiera hasta pedirte por favor, besame, haceme tuya. Por favor.
Y te escuché decir: -de postre hay helado, de un modo tan sensual que sólo esperaba que me derramaras una cucharada de crema sobre mis hombros, que cayera por mi pecho y me lamieras, deseaba que pasaras tu lengua por mi cuerpo saboreándome, pero no.
Cuando menos lo esperaba, una cosa dura y helada se posó en el centro de mi sexo. Fue tremendo y maravilloso. Sentí que se derretía, y yo con ella. La apoyaste apenas, la frotaste contra mí y sentí cómo la sacabas y la saboreabas. Y vuelta abajo, pero esta vez penetrándome, esta vez entrando profundamente y saliendo. Me acercaste tu boca fría y con un sabor delicioso, mezcla de vodka, frutillas y mi deseo por vos, me besaste. Morí por ese beso, te sentía respirar agitada y sacarte la ropa pero no podía verte.
Desnuda te apoyaste contra mí, sentí tus tetas sobre las mías, me abrazaste, bajaste tu mano hasta mi concha. El helado ya medio derretido se derramaba entre mis piernas. Y así, casi bruscamente, bajaste a mis piernas, a mi sexo y me limpiaste, me lamiste, entraste con tu lengua de un modo maravilloso, mientras con tu dedo presionabas mi clitoris. No podía abrazarte, estaba atada. Me hiciste delirar en una explosión tan largamente esperada, que me parecía que iba a temblar por horas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario