jueves, 28 de agosto de 2008

Por vengarme nomás

Resulta que estoy tranquila. De viaje, en un congreso al que casi decidí venir a último momento. Ni le avisé, pensé “después me conecto” pero nunca se sabe, los hoteles, los viajes, las conexiones, las posibilidades de zafar de la gente... y encima, en los últimos tiempos, la comunicación viene como difícil, la “vida real” que media y complica todo, la cuestión de la falta de tiempo...
Resulta que de todos modos la extraño, que anhelo poder conversar con usted y provocar esas cosas, que me gustaría tenerla un ratito al menos como hace tiempo que no sucede (¿sucederá? ¿o pasará a ser esta nuestra forma de comunicación? Internet es tan extraño...), que es cierto que no estamos pudiendo ni siquiera intercambiar dos frases sin que se corte, sin ser interrumpidas por esas otras vidas reales. Vaya paradoja.
Resulta que no puedo conectarme durante el día y muy difícilmente por la noche, en esta ciudad perdida.
Y resulta que acabo de entrar (conseguir wi fi se hace complicado, pero finalmente un barcito bonito en una peatonal, yo con una cervecita pensando que me gustaría compartirla con usted) y veo su post, y vuelve entonces a seducirme, como cada vez que quiere hacerlo. Porque es así, yo, que me reconozco como bastante “indomable”, soy presa de sus deseos. Y de los míos.
Y resulta que leo que soñó conmigo y que estábamos en una playa de estacionamiento, y resulta que ese corto e intenso relato me atrajo a usted de nuevo casi violentamente. Y la pensé en el auto, la sentí besándome, pude casi verla quitándome la ropa y ni le cuento cómo pude casi vivir cada minuto de esa historia. Y pensé que sería bueno que, después de todo eso, continuara la historia.... y me hiciera la dormida. Por vengarme nomás y porque empezaba a mojarme con su relato y con pergeñar qué le iría a hacer yo después de eso. Y que cuando parara el auto por fin, y quisiera despertarme, la abrazaría de manera casi brutal, la reduciría (por la sorpresa podría hacerlo) y la ataría sólo para vengarme. Y como seguramente gritaría, la amordazaría. Los vecinos nunca quieren escuchar gritos. Y se retorcería así, como quedó, en el asiento trasero del auto, totalmente vestida, boca arriba, hasta que yo lograra ingeniármelas para arrancarle la ropa. Apoyaría mi cuerpo contra el suyo, usted nada podría hacer. Le haría cosquillas en sus pies y en sus axilas, hasta ver saltar sus lágrimas y escucharía sus gemidos sin interesarme si lo que quiere decirme es “pará” o “seguí”. Porque iría a seguir, está claro... no soy exactamente dueña de mis movimientos cuando logra ponerme como me pone. Y cuando viera que ya no puede respirar de la risa la miraría seria y usted a mí y esta vez muy pero muy suavemente, deslizaría la yema de mis dedos por su cuerpo. Apenas rozando, desde su lágrima hasta sus pies, pasando muy suavemente por sus labios, su cuello, sus pezones erectos, su pubis. Rozando sin entrar en su sexo, bajando por el interior de su muslo. Usted daría respingos, lo sé. Apenas rozaría los pelitos de su pubis, eso la haría estremecer y simultáneamente, le mordería apenas los lobulitos de sus orejas. Me escucharía jadear suavemente y el sonido de mi lengua buscándola. Acostada desnuda, así como me dejó, contra usted, seguiría con mis dedos buscando su placer y su desesperación. Rozaría con ellos los labios de su sexo y sentiría la nueva humedad que se suma a la que usted misma provocó cuando me “atacó”. Le susurraría al oído lo loca que me vuelve, lo caliente que me pone, lo hermosa que está. Bajaría lentamente, y jugaría con mi lengua sintiendo cada parte de su sexo, mi lengua con usted, y usted sin poder decir una palabra, sólo retorciéndose hasta arquearse, hasta que, como yo conozco, estallaría dentro de mi boca jadeando, llorando todavía por el resto de risa y por placer, hermosa, sólo por placer.
Usted me puede, bonita.

2 comentarios:

Elio Puntieri dijo...

Siento que me metí en un lugar privado sin preguntar si se podía pasar.

Y me gusta lo que veo.

alguna... dijo...

Adelante, adelante... es la idea, estamos a favor de la desprivatización...
Siéntase confortable, como en su casa.